Por cada 5 m² de construcciones de cemento sólo se preservan 40 cm² de áreas verdes
Javier Puga Martínez
Puebla, Pue. Sin duda alguna usted habrá sentido un intenso calor que en los últimos días sofoca a la ciudad de Puebla; seguramente éste habrá sido un tema de conversación obligado con sus familiares y amigos. Tal vez en esas pláticas lo comente, pero si no es así, deberá saber que el extenuante calor que padecemos es producto de la tala inmoderada de bosques y reservas forestales, así como de la cada vez mayor pérdida de áreas verdes en toda la capital del estado.En ese contexto, hoy en todo el mundo se "celebra" el Día Mundial de la Tierra; es decir, este día se trata de hacer un recordatorio sobre el cuidado y uso racional de los recursos naturales, así como del equilibrio que debemos mantener los seres humanos con el planeta. Esta celebración surgió el 22 de abril a iniciativa de Gaylor Nelson, senador de los Estados Unidos, paradójicamente el país que más contamina en el mundo.¿Pero cómo llega el municipio de Puebla al Día Mundial de la Tierra de 2008? De acuerdo con la actual carta urbana, la capital del estado tiene una extensión territorial de 540 kilómetros cuadrados, de los cuales 275 forman la mancha urbana; el resto corresponde a las áreas naturales que se ubican al nororiente y al sur de la capital, pero la mayoría de éstas está invadida por más de 350 colonias irregulares.Hace tres décadas, los frondosos bosques de La Manzanilla y Amalucan ocupaban la parte norte del municipio y la colindancia con el estado de Tlaxcala hasta La Malinche. Hoy, esos bosques casi han desaparecido por completo bajo más de 200 colonias, mientras que el plan de rescate del bosque de La Malinche "fue un fracaso", como lo reconocieron la delegación en Puebla de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Dirección de Ecología en el trienio anterior.Sergio Vergara Berdejo, secretario de Gestión Urbana y Obra Pública para el Desarrollo Sustentable del actual ayuntamiento de Puebla, estimó que cada día el avance del cemento es tal que, en promedio, por cada cinco metros cuadrados de construcciones sólo se preservan 40 centímetros cuadrados de áreas verdes. Cálculos de la UAP indican que en esta ciudad el cemento avanza a ritmo de 2.5 hectáreas por día.En el caso del agua potable, hasta ahora no existe un solo plan funcional de reforestación de bosques que puedan garantizar la recarga de mantos acuíferos, vitales para el abastecimiento del líquido para la capital poblana y su zona conurbada. Aunque recientemente el gobierno federal anunció un millonario rescate de la presa de Valsequillo, que supuestamente incluye el saneamiento de los ríos Atoyac, Alseseca y Zahuapan, nada se mencionó sobre cómo limpiar la polución que existe en los más de 300 kilómetros de barrancas que cruzan el municipio; esas barrancas son afluentes de los ríos citados.Un caso concreto es la barranca Tlaloxtoc, que cruza la colonia Joaquín Colombres al nororiente de la capital; más que una barranca es el drenaje a cielo abierto del parque industrial Puebla 2000. Ahí, las empresas Clemente Jacques, Sabormex y Pintumex suelen aventar desperdicios sin ninguna restricción, pero para las autoridades ambientales federales esas empresas actúan dentro de las normas oficiales. Los habitantes de Joaquín Columbres, por ejemplo, afirman que es insoportable el ardor de ojos, nariz y boca que sienten cuando Clemente Jacques tira desperdicios de chiles; también sienten impotencia cuando Pintumex colorea el riachuelo de la barranca Tlaloxtoc de verde, negro, azul, rojo o morado, dependiendo el día.En cuanto a las áreas verdes, en la ciudad de Puebla se desató una polémica cuando La Jornada de Oriente publicó hace tres semanas los documentos que revelan que el gobierno del estado pretende cambiar el uso de suelo de las últimas 60 hectáreas de esas áreas en la Reserva Territorial Atlixcáyotl. Esos documentos revelan que es el propio gobierno estatal es el que está propiciando la venta de áreas verdes para convertirlas en fraccionamientos residenciales y comercios de lujo en la llamada zona de Angelópolis, donde el metro cuadrado de tierra que hace 16 años fue ejidal ahora vale no menos de 350 dólares. La polémica creció cuando se supo que fue el gobierno de Melquiades Morales Flores quien realizó cambios de uso de suelo sin autorización, además de que se permitieron construcciones, como el lujoso hospital privado Ángeles, en terrenos destinados a áreas verdes. En el cambio de uso de suelo que pretende realizar el gobierno de Marín Torres a la reserva territorial se calculan ingresos para la administración estatal superiores a los 2 mil millones de pesos.Sin embargo, el propio ayuntamiento de Puebla también tiene antecedentes de cambios de uso de suelo de áreas verdes a residenciales, en operaciones poco transparentes. El caso que más conmoción causó fue durante la sesión de cabildo del 24 de diciembre de 2004, cuando el entonces alcalde Luis Paredes Moctezuma autorizó el cambio de uso de suelo a más de 100 hectáreas de bosque de encino blanco en la zona de La Calera. Lo que no se sabe es a cambio de qué se autorizaron esos cambios.De acuerdo con un estudio realizado por el Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) de la UAP, La Calera es un subpolígono de 150 hectáreas comprendido dentro del polígono de Urbanización y Prestación del Patrimonio Natural que mide 3 mil 539.93 hectáreas. Ahí se encuentran especies de flora y fauna que están catalogadas por la Norma Oficial Mexicana de la Semarnat, como endémicas y en peligro de extinción.La Calera, al igual que el resto del polígono, tiene bosques centenarios de encino, los cuales, a nivel nacional, se consideran los más importantes refugios para la fauna, y para la ciudad resulta de vital importancia por la barrera de dispersión de contaminantes del aire, además de regular la temperatura. Si La Calera desaparece, usted, su familia, sus amigos, sus seres queridos y hasta sus enemigos van a tener más, mucho más calor del que ahora padecen.Actualmente el ayuntamiento de Puebla está desarrollando un programa para aumentar el número de áreas verdes en azoteas y balcones de la capital poblana, así como de mantenimiento y crecimiento de parques y jardines. Aunque las propias autoridades locales han reconocido que esto no será suficiente, señalan que es necesaria una acción urgente como esa. Ante este panorama cabe la pregunta: ¿realmente los poblanos tenemos algo que celebrar este Día de la Tierra?

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